Cómo conocí How I Met Your Mother

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HIMYM

fuente: imdb.com

Chicos, a finales del 2005, su tía Ceci y yo aún vivíamos en Barranco. Era un domingo cualquiera, de esos en los que no había nada especial para hacer. Pero no iba a ser igual que otros domingos. Si la memoria no me falla, su tía Ceci estaba pasando por esos días del mes en los que se siente verdaderamente mal y casi no puede moverse de la cama. Ya saben cómo se pone su tía en esos días. Pero podía ser que simplemente tuviera flojera de levantarse.  Así es de selectiva nuestra memoria, y solo recuerda los elementos verdaderamente importantes y significativos.

Así que, en este caso, la razón es lo de menos. Lo cierto es que su tía Ceci estaba echada viendo televisión y el canal Fox había decidido transmitir una maratón de una de sus series nuevas, cuya primera mitad de temporada había terminado. Yo no le había prestado atención, hasta que escuché a su tía matarse de la risa en repetidas ocasiones (seguro pueden imaginar fácilmente esa carcajada característica de su tía). Y entonces me acerqué a preguntarle qué estás viendo y me respondió Cómo conocí a su madre. No tenía idea de qué era eso, pero por alguna razón me quedé a acompañarla.

Estaban dando la historia de un tipo algo melancólico, pero muy optimista, que había decidido pasar la noche de Halloween en la fiesta que cada año se organizaba en el techo de su edificio. Se había disfrazado de tarjeta perforada, pues hace algunos años, usando ese mismo disfraz, había conocido a una mujer vestida de calabaza “putilla” (slutty pumpkin), que lo había flechado y que aún mantenía la esperanza de poder reencontrar. Por eso todos los años, pese a la insistencia de su mejor amigo de ir a otro lugar, este hombre usaba el mismo disfraz e iba a la misma fiesta, esperando volver a ver a la mujer.

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En ese momento me hubiese sido difícil precisar qué fue lo que me gustó de la serie. Claro, estaba lo obvio: era graciosa, los personajes eran simpáticos y fácilmente se podía crear empatía con ellos, y las historias de amor, especialmente esas idealistas, siempre serán nuestras favoritas. Al menos para mí. Pero había algo más. Algo que se fue haciendo más y más importante con el paso de los años.

Porque en aquel primer momento, no pasó de ser una comedia divertida que nos entretuvo un domingo por la tarde. Vimos algunos capítulos más y luego no volvimos a saber más de la serie. Recuerden que en esa época no era tan fácil encontrar todo en Internet, y en estos nueve años, nunca tuve idea de a qué hora daban HIMYM en Fox. Entonces, salvo alguna que otra coincidencia inesperada, no pude seguir la serie como debía.

Y así pasaron casi cinco años. Chicos, en el verano del 2010 su tío Ernesto ya tenía casi quince años. Yo acababa de terminar la carrera audiovisual, y había entrado a trabajar a una productora, y entre edición y edición mataba el tiempo viendo series, ahora sí, por Internet. Cuando me fui quedando sin opciones, recordé esa historia de la calabaza y al hombre que le contaba a sus hijos cómo había conocido a su madre, y busqué cuántos capítulos me había perdido. Iban ya por la mitad de la quinta temporada. Era momento de ponerse al día.

Me bastaron pocos capítulos para darme cuenta de que, no solo había sido un error imperdonable –pero felizmente remediable- no haber seguido la serie, sino, sobre todo, que esta tenía que verla con su tío Ernesto. ¿Por qué? Una vez más estaba la razón obvia: la serie era demasiado graciosa y sabía que le iba a gustar. Pero también estaba ese elemento que no había podido detectar conscientemente la primera vez. Esta era una serie única.

barney-stinsonComo sabrán su tío Ernesto, al igual que yo, tenía una inclinación especial por contar historias. Yo lo hacía escribiendo textos o guiones, él lo hacía dibujando y escribiendo comics. Aquí debería explayarme sobre todos esos elementos que hacen que HIMYM sea genial. Pero solo diré que, desde el momento en que fui consciente de lo bien armado que estaba todo, se convirtió en un referente inmediato para mí, y quería que lo fuera también para su tío Ernesto.

Marco Sifuentes lo ha llamado “un acercamiento gringo a lo real maravilloso”. Y eso hace que ahora me guste más. Es que como saben chicos, en cada oportunidad que tengo les recuerdo a todos lo mucho que amo Pedro Páramo, Cien años de soledad, y tantos otros títulos de esa hermosa corriente de la literatura latinoamericana. Todos los elementos están ahí: esa forma de reinventar el lenguaje y hacerlo parecer como algo familiar y cotidiano (tal vez lo más “rulfiano” que pueda haber), que generó una gran cantidad de términos nuevos que fueron desde entonces muy populares en Internet (léase memes); y, quizás lo más importante para esta reflexión: la estructura narrativa.

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Porque, chicos, estamos ante un tributo hermoso a una novela imprescindible de la literatura latinoamericana: “El amor en los tiempos del cólera”. Ted es Florentino Ariza, más joven, más gringo y más sonso, pero igual de enamorado. Y cómo no lo vamos a apoyar, cómo no lo vamos a acompañar y desear que por fin se junte con el amor de su vida, todos los que somos románticos empedernidos y necios como él

Si algo ha caracterizado mis intentos (por ahora) frustrados de escribir es esa necesidad de jugar con la estructura del tiempo. Y ellos lo hacen también. Son constantes los saltos hacia atrás y hacia adelante (Ted le está contando la historia de cómo conoció a su madre a sus hijos, en el futuro, mientras nosotros vemos suceder todo en el presente). Tiene los tres elementos temporales que tanto amé cuando recién descubrí a García Márquez y a Rulfo: Estructura circular. Comienza la narración en un punto en el tiempo (en el futuro, frente a sus hijos), y retrocede lo más que puede (el día que Lily y Marshall se conocieron), para luego avanzar nuevamente hasta ese punto y continuar desde ahí (el final del último capítulo); Analepsis y prolepsis (flashbacks y flashwards), es decir, saltos a momentos específicos del pasado y del futuro, sin una relación necesaria entre salto y salto; y, finalmente, la anticipación. Toda la serie está preparada y estructurada hacia ese final “último”, más allá de la historia de la que nos habla el título. El final inevitable, el destino. Esto último está tan bien pensado, que la escena final de los hijos ha estado guardada probablemente por 8 años (los hijos no han crecido ni un pelo), esperando el momento en que finalmente se revele de qué va la historia.

Pero todo esto solo lo puedo decir ahora que terminó. Igual que la parte conceptual y temática. Porque lo más importante que quiero rescatar de todo esto es que con esta serie hemos crecido sus tíos y yo. Literalmente, porque nos ha acompañado nueve años de nuestra vida (aún pese a los años perdidos). Pero también simbólicamente. Porque de eso trata esta serie. De la vida. De cómo vamos aprendiendo y descubriendo cosas nuevas, incluso cuando han estado frente a nosotros todo este tiempo. Porque hay cosas que son obvias aunque no terminemos de ser conscientes de eso. Y me parece genial que, ahora mientras escribo, y hace un rato mientras leía el artículo de Marco Sifuentes, haya aprendido nuevas cosas de esta serie. Porque de eso se trata todo. De volver la memoria hacia atrás y concentrarnos solo en aquello que queremos ver, en aquello que fue verdaderamente significativo, dejando de lado todo lo demás.

Y es que cuando pienso en HIMYM pienso inevitablemente en mis hermanos, sus tíos. No me acuerdo por qué su tía estaba echada ni en qué momento exacto comprendí que su tío tenía que ver esta serie. Pero me acuerdo que la vi con ellos, que me reí con ellos, me emocioné con ellos, y que siempre será un recuerdo que compartiremos. Y me recuerda también a mis amigos, que no serán Marshalls, Lillys, Robins o Barneys, pero son míos, y nos hemos acompañado mientras crecíamos, mientras descubríamos qué queríamos hacer con nuestras vidas, mientras nos (des)enamorábamos, nos frustrábamos y nos deprimíamos. Pero, sobre todo, nos hemos acompañado en nuestras alegrías, nuestros triunfos y los buenos momentos divertidos de nuestras vidas.

himym finale

Fuente: imdb.com

Chicos, yo no voy a hablar del final. Tengo sentimientos encontrados sobre eso, y ya está bien explicado por el artículo citado. Solo quería contarles por qué amaba tanto esta serie, y lo importante que fue para mí. No fue solo un entretenimiento semanal. Fue una vivencia. Fue un recuerdo. Y fue, especialmente, una influencia. Un manual, una plantilla en la que debía hacer calzar esa serie/libro/novela de las cinco mujeres que empecé a escribir y que hasta ahora no termino.

Y fue también una larga moraleja, que llegó en un buen momento. Porque vuelvo a repetir, hemos crecido con esta serie. No es casualidad que haya mencionado que su tío Ernesto tenía quince años cuando empecé a verla con él. Tal vez ni siquiera sea casualidad que haya decidido verla con él en ese momento de su vida. Gracias a esta serie hemos aprendido a ver la vida como se debe ver cuando se es joven y se busca la felicidad, y también cuando somos adultos y nos damos cuenta de que la realidad no se corresponde con el sueño que hemos perseguido, pero que eso no significa que nos hayamos equivocado o que hayamos fracasado. Simplemente significa que hemos avanzado, que, como dice Marco, hay más historia después del final feliz. Ojalá su tío haya aprendido también de todo esto, y a la hora de sentarse a escribir, o simplemente a la hora de vivir, recuerde lo importante que fue HIMYM para nosotros y estas pequeñas grandes enseñanzas tan ciertas que nos dejó

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