A mordidas aprendí

Estándar

Llegar a un Mundial para un jugador de fútbol debería ser igual que entrar al cuerpo diplomático, o al directorio de una empresa, o que te nombren catedrático. Es un espacio reservado para los mejores, donde debería resaltarse lo más bello del deporte más bello. Y este parecía ser ese Mundial. Gracias a las poderosas Holanda y Alemania, al espectáculo colombiano, a las hazañas chilenas y costarricenses, hemos podido disfrutar de unos de los Mundiales más espectaculares de la historia.

En este espacio no hay, o no debiera haber, lugar para deslealtades, para la mala leche, para la trampa ni la agresión. Tampoco para la burla o para el racismo. Hace dos días, Luis Suárez se trajo abajo todas las razones por las que este Mundial estaba maravillando incluso a quienes no suelen ver fútbol. Se jugaba una verdadera final. Italia y Uruguay, dos selecciones históricas que hasta 1954 fueron los únicos campeones del mundo, se enfrentaban para ver quién continuaba en el torneo y quién se iba a casa. Iban a 0-0, Italia jugaba con 10, y faltaban poco más de 10 minutos. Luego de un forcejeo en el área, vimos al defensa italiano Giorgio Chiellini tomarse el hombro, y a Luis Suárez, atacante uruguayo, tocándose los dientes. A los pocos segundos nos enteramos de qué había sucedido: el uruguayo le había propinado una mordida al italiano.

foto: nbcnews.com

foto: nbcnews.com

Había sido un intento desesperado por ganar la batalla, buscando, probablemente, que Chiellini, que no suele guardarse nada, reaccione con una agresión que resulte en una expulsión o en un penal a favor de Uruguay. Y es que los antecedentes lo persiguen. No solo no es la primera vez que muerde a un colega, sino que tampoco es la primera vez que trata de inventarse un penal como sea. Si no lo sabremos bien los peruanos.

Pero la jugada no le salió como esperaba. No solo Chiellini no reaccionó, sino que todo el mundo (literalmente) pudo comprobar la bajeza de sus intenciones. Y hoy la FIFA respondió con una sanción ejemplar. No es la primera vez que lo hace (muchos han recordado el codazo de Tassotti a Luis Enrique del ’94), pero sí es muy significativa.

foto: abc.es

foto: abc.es

Defender el fair play, el amateurismo, la sana competencia, nunca debería ser signo de debilidad. Muchos han querido darle tintes políticos o de “mano negra” a la decisión (y tal vez lo tenga, de la FIFA no me sorprende nada), pero que Suárez merece la sanción, la merece.

Y la merece porque no es la primera vez, porque tiene que darse cuenta de que tiene un serio problema de agresividad que tiene que controlar. Pero, sobre todo, la merece porque no se puede manchar un espectáculo hermoso como este Mundial con una actitud matonesca que poco o nada tienen que ver con el verdadero espíritu del deporte.

A un Mundial se va a ganar, pero no como sea. Ya suficiente hizo Suárez en esa recordada mano en el último minuto de los cuartos de final contra Ghana, en el Mundial pasado, que a la postre significó la eliminación del país africano. Pero incluso esa, era una jugada que puede entrar dentro de lo “normal” en el ámbito futbolero. Agredir alevosamente a un rival es algo despreciable. Con mayor razón, si su única intención era agredir. No es lo mismo que una patada o una jugada “típica de fútbol”, por la simple razón de que no se juega con los dientes. Su intención era solo lastimar, o lograr, gracias a la agresión, una expulsión o un penal que favoreciera a su equipo. Es decir, se trata de una jugada desleal para conseguir así hacer trampa. Algunos han recordado el famoso cabezazo de Zidane a Materazzi. Y sí, lo que hizo el italiano en esa jugada fue provocar al francés para que este reaccionara. Y este reaccionó. Pero aquí hay una diferencia sustancial, la provocación fue en sí misma una trampa, una deslealtad, y, vale la pena repetirlo una vez más, una agresión.

foto: rpp

foto: rpp

Esto es un ultimátum para Suárez. El mensaje es claro: no puede seguir mordiendo rivales cada vez que le provoque (ni muchas otras cosas de las que se le ha acusado, incluyendo expresiones racistas). Pero también debería ser una advertencia para el resto de jugadores. El fútbol es un espectáculo deportivo, donde debería primar la competencia sana y leal, como en sus inicios (por algo los ingleses son los más radicales con el fair play). Especialmente, si se trata de un Mundial, la máxima fiesta futbolística. Este debería encararse con el mismo espíritu amateur que tienen (en teoría, al menos) los Juegos Olímpicos.

Ojalá a partir de este momento y hasta al final del campeonato, y por qué no, en todos los demás campeonatos, prime el buen juego que había caracterizado a este torneo, los buenos espectáculos, y los equipos que dejan todo en la cancha. Pero en el buen sentido. Que no se siga confundiendo la garra con la matonería. Y ojalá, no tengamos que dedicarle más líneas a hechos lamentables como este.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s