#Magallanes: entre el olvido y la redención

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Hoy, 20 de agosto, se estrena por fin la muy anticipada película peruana Magallanes, la opera prima de Salvador del Solar como director. La expectativa es muy alta desde que se anunció el rodaje, gracias a un elenco prometedor, pero se incrementó luego de que ganara el premio Cine en Construcción (Films in Progress) en el festival de San Sebastián, y más recientemente el Premio del Público en el XIX Festival de Lima, donde Magaly Solier se alzó también con el premio a Mejor Actriz.

(fuente: Tondero Films en Facebok)

(fuente: Tondero Films en Facebok)

Harvey Magallanes (interpretado por el actor mexicano Damián Alcázar) es un ex militar que sirvió en Ayacucho durante la época del conflicto armado interno. Veinticinco años después, Magallanes pasa sus días trabajando como taxista y como chofer de su antiguo coronel (interpretado por el actor argentino Federico Luppi), hoy en silla de ruedas y con demencia senil. En una de esas jornadas recoge a una pasajera que inmediatamente removerá memorias y sentimientos que Magallanes hubiera preferido mantener enterrados. Se trata de Celina (Magaly Solier), quien siendo prácticamente una niña, fue secuestrada en un cuartel del Ejército y puesta a disposición del Coronel.

El furtivo encuentro no solo desatará viejos recuerdos en Magallanes, sino un enorme complejo de culpa y una obsesión por redimirse. Y es en torno a ese deseo que gira toda la película. Magallanes hará hasta lo imposible por ayudar a Celina, la única  forma de redimirse que se le ocurre, sin importarle traicionar a sus jefes ni poner en riesgo a su propia familia. Pero a Celina no le interesa su ayuda, y mucho menos seguir rasgando viejas heridas que nunca terminan de cerrarse.

En esta película, Salvador del Solar vuelve sobre uno de los temas más recurrentes de nuestro cine, pero lo hace desde una nueva perspectiva, la de la distancia de los años. Y esa es una de las virtudes de la película, pues plantea uno de los temas más delicados, y muy vigente hasta el día de hoy: la reconciliación (o la falta de ella).

(foto: Daniela Talavera)

(foto: Daniela Talavera)

Ambos personajes representan dos polos opuestos de los protagonistas del conflicto sufrido en nuestro país. Por un lado, el militar que busca reincorporarse a la sociedad civil y trata de olvidar los tormentos de la guerra, y las atrocidades vividas (y cometidas). Por el otro, Celina, la encarnación de las víctimas que se debaten entre el rencor y el olvido, en una búsqueda imposible de dejar atrás el pasado, pese a que llevan aún consigo las heridas físicas y las invisibles.

Pero Celina representa también la dignidad de quienes saben que el perdón no se compra ni con dinero, ni con influencias, ni con favores. Celina solo quiere seguir adelante, por ella misma, y, si bien sabe que nunca podrá olvidar, al menos prefiere no verse obligada a recordar.

La película plantea también otros temas a partir de los personajes secundarios y sus respectivos conflictos. Existen aquellos que prefieren no recordar, o mejor aun, no enterarse de lo que pasó años atrás, y evitar a toda costa hablar de esos temas; así como también encontramos a los que sienten añoranza de esos tiempos, pues hasta ahora no han podido encontrar su lugar en la sociedad post terrorismo, y extrañan el protagonismo que tenían cuando portaban armas y podían ejercer su poder sobre otros.

Es importante notar cómo la película se aleja de prejuicios y no se centra en las consecuencias del terrorismo en sí, sino en la otra tragedia, la del abuso de poder y sus víctimas, quienes se vieron vulneradas por las personas que debían protegerlas. Es destacable, teniendo en cuenta que es un tema aún muy delicado en nuestra esfera socio-política actual.

(foto: Daniela Talavera)

(foto: Daniela Talavera)

Magallanes nos presenta personajes complejos y muy humanos, que se enfrentan a todo tipo de conflictos morales, apoyado en un casting más que correcto. Damián Alcázar hace un papel notable y son muy buenas también las actuaciones de Federico Luppi y el siempre correcto Bruno Odar. Tal vez el más bajo termina siendo Christian Meier, quien da vida al hijo del Coronel, un empresario de clase acomodada y jefe de Magallanes, pero puede deberse, en parte, a una cuestión de encasillamiento. Mención aparte merece la sensacional Magaly Solier. Siempre es extraño verla porque por momentos se siente su falta de técnica, pero es tanta su pasión y compromiso con los personajes que encarna, que no solo soslaya, sino que sobrepasa completamente cualquier deficiencia metódica con un talento natural único. Miren si no la escena de la comisaría y díganme si no se les escarapela la piel.

Técnicamente, la película está bastante bien trabajada y tiene momentos de fotografía notables, como esa hermosa escena en la que Celina corre a llorar a la cima de un cerro. También es destacable el guión, escrito por Del Solar y basado en el libro “La Pasajera” de Alonso Cueto.

Muchas opiniones coinciden en que esta es la mejor película peruana en lo que va del año. Lo bueno es que es difícil decirlo con certeza, ya que en general ha sido un buen año para la filmografía nacional. Pero es, sin duda, una muestra más de que el cine peruano continúa en crecimiento y que cada vez se suman nuevos nombres a la lista de promesas interesantes. Anoten a Salvador del Solar, ya no solo como actor, pues parece tener una carrera prometedora también detrás de las cámaras.

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